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Memoria ecológica: cuidar el mar, preservar la historia

Memoria ecológica: cuidar el mar, preservar la historia

En San Andrés, el mar concentra siglos de conocimiento, identidad y resistencia. Sus aguas reúnen una memoria ecológica donde ciencia, tradición y cultura se entrelazan para sostener la vida y los saberes del pueblo isleño.

 

 

En distintos territorios del país, ha cobrado fuerza una mirada que entiende los archivos no solo como documentos guardados en estanterías, sino como expresiones vivas de la memoria: formas de conocimiento que resguardan la historia de comunidades afrodescendientes, raizales e indígenas. En San Andrés, esa memoria habita en el mar. Desde allí, las prácticas cotidianas y los saberes tradicionales se convierten en fuentes de reparación histórica y justicia ambiental.

Para la población sanandresana, los relatos orales, las técnicas de pesca, los rituales, los mapas, las recetas y los cantos mantienen una relación ancestral con el agua, entendida como espacio de equilibrio, reciprocidad y dignidad. Reconocer este patrimonio resulta esencial para fortalecer la memoria del país: cada práctica —desde el manejo del caracol pala hasta las vedas tradicionales— revela un conocimiento acumulado durante siglos, hoy clave para afrontar los desafíos ecológicos contemporáneos.

En esta conversación, Heins Bent Hooker, biólogo marino raizal con más de dos décadas de experiencia, comparte su historia personal y profesional, su vínculo con el mar y la manera en que ha articulado la ciencia con el conocimiento comunitario desde la Secretaría de Agricultura y Pesca del Departamento Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

Desde el programa Archivos, Memorias y Reparación Histórica del Archivo General de la Nación, esta comprensión ampliada de los archivos ha permitido reconocer y acompañar experiencias que, como la de San Andrés, amplían el sentido de la memoria y del patrimonio documental. Miradas que entrelazan saberes, territorios y formas de vida, y que hoy revelan nuevas rutas para comprender cómo la memoria también se escribe con agua, viento y comunidad.

 

 

 

Archivos, Memorias y Reparación Histórica: Nos gustaría que pudieras presentarte, saber tu nombre, tu profesión y tu experiencia trabajando para la comunidad del archipiélago. 

Heins Bent Hooker: Bueno, gracias por la invitación. Mi nombre es Heins Bent Hooker, biólogo marino de profesión, con una maestría en ciencias enfocadas a la biología marina. Llevo más de veinte años de experiencia trabajando aquí en el archipiélago.

Empecé en la Secretaría de Agricultura y Pesca, donde hice mis prácticas mientras aún estudiaba, aprovechando las vacaciones. Después tuve la oportunidad de trabajar allí formalmente y pude desarrollar mi tesis de pregrado. Más tarde estuve vinculado con Coralina, donde realicé mi tesis de maestría. Siempre he estado relacionado con esas dos instituciones, lo que me ha permitido combinar la producción y el consumo responsable de los recursos pesqueros con la conservación de los ecosistemas.

Esa experiencia me llevó también a trabajar en el Ministerio de Ambiente, donde estuve diez años.

AMRH: ¿Cómo empezó tu relación con el mar?

H.B.H.: Desde niño siempre me interesó el mar. Cuando era adolescente, trabajé con mi tío llevando turistas a los cayos. En ese tiempo comencé a mirar más allá: no solo el mar como paisaje, sino como un universo por conocer.

En el colegio, el Instituto Bolivariano ofrecía la modalidad de biología marina, y fue ahí cuando decidí seguir ese camino. Me encantó poder combinar lo que había aprendido de mi cultura raizal —el cuidado del mar— con la comprensión científica de cómo funcionan los ecosistemas.

AMRH: Has mencionado expediciones científicas y conservación de especies. ¿Cómo empezó esa etapa y qué aprendizajes te dejó?

H.B.H.: Comencé a ir a expediciones en 2005. La primera fue un proyecto de traslocación de caracoles pala entre Serrana y Providencia, para repoblar zonas afectadas. Desde entonces, he participado en muchas expediciones y he visto cómo han cambiado las poblaciones de caracol a lo largo de estos veinte años.

Volver el año pasado, después de más de una década sin ir al mar, fue muy especial. Regresé a Serrana, el lugar donde todo comenzó. Ver cómo la especie se recupera lentamente fue muy gratificante. El caracol pala está profundamente arraigado en nuestra cultura isleña. A veces lo consumimos sin pensar en los riesgos o en la importancia de una pesca sostenible.

Por eso es fundamental respetar las normas y las vedas, porque de esa manera aseguramos que nuestros hijos también puedan disfrutar del caracol pala en el futuro. Si queremos seguir preparando nuestro rondón, que para nosotros no es rondón sin caracol. Debemos cuidar lo nuestro.

AMRH: ¿Podrías contarnos un poco sobre el impacto de las expediciones y el trabajo con la comunidad?

H.B.H.: Las expediciones son un trabajo conjunto. En la última, colaboramos con una fundación local conformada por personas de la isla, colegas y amigos de muchos años. Algunos incluso estudiaron conmigo y hoy tienen empresas dedicadas al cuidado e investigación de los ecosistemas.

Eso demuestra el compromiso que existe dentro de la comunidad. Hemos visto que cuando se respetan los periodos de veda y se controlan las capturas, el recurso se recupera. En 2023 encontramos la tercera mayor abundancia de caracol pala desde que iniciamos las expediciones.

Sin embargo, aún hay mucho por hacer: debemos seguir apostando por el repoblamiento, la acuicultura y, sobre todo, por fortalecer la conciencia ambiental. Si queremos algo, debemos cuidarlo. Así como protegemos nuestra tierra, debemos cuidar nuestras especies para que las futuras generaciones también puedan disfrutarlas.

 

Memoria, sostenibilidad y reparación histórica

En San Andrés, la memoria ecológica no solo se conserva en los archivos: también habita en las prácticas cotidianas del mar y en las formas de conocerlo. La sostenibilidad, entendida desde la experiencia raizal, combina ciencia, trabajo comunitario y herencia cultural. Los registros, los relatos y las técnicas transmitidas por generaciones se enlazan con una forma de justicia ambiental que, más que restaurar el pasado, redefine las maneras de habitar el territorio insular.

Integrar estos archivos de memoria ecológica en las políticas públicas y los espacios educativos implica reconocer un conocimiento situado, nacido de la relación entre las comunidades y el mar. Los saberes sobre la pesca, la alimentación o el manejo de los ecosistemas —como el caracol pala— son parte de un sistema de memoria en el que cultura y naturaleza se entretejen. Su preservación no es una evocación nostálgica, sino una práctica activa que permite comprender el país desde la diversidad de sus territorios y la profundidad de sus aguas.

 

* Fotos tomadas por la Secretaría de agricultura y pesca del Departamento Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina

 

 

 

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