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CIGE Uniguajira: archivos étnicos para que la memoria no se pierda

CIGE Uniguajira: archivos étnicos para que la memoria no se pierda

Aura Bonivento creció hablando wayuunaiki y aprendió español cuando la enviaron a la ciudad para estudiar. Desde el CIGE de Uniguajira, cuenta esa transición y explica el trabajo del centro para recopilar y poner a disposición archivos y materiales sobre grupos étnicos en La Guajira.

 

En Colombia, muchas de las memorias más profundas no están en un expediente ni en un libro: viven en las lenguas originarias. En ellas se conservan formas de nombrar el mundo, de relacionarse con el territorio y de transmitir saberes que no siempre se dejan traducir al papel. Pero esa herencia enfrenta tensiones cotidianas: la escuela que impone el español, la migración a la ciudad, los cambios culturales que vuelven frágil lo que antes se aprendía “por el oído” y en comunidad. 

En el programa Archivos, Memorias y Reparación Histórica hablamos con Aura Bonivento, auxiliar administrativa del Centro de Información de Grupos Étnicos (CIGE) de la Universidad de La Guajira. Habla wayuunaiki desde la infancia y conoce, de primera mano, lo que se gana —y lo que se puede perder— cuando una lengua deja de transmitirse. En esta conversación recorre el trabajo del CIGE como un lugar donde se resguardan voces y saberes de distintos pueblos, y explica por qué cuidar una lengua no es solo preservar palabras: es mantener viva una manera de estar en el mundo.

¿Qué es el SIGE y qué función cumple?

R: El SIGE fue creado pensando en las futuras generaciones. El profesor Justo Pérez Valentín, que en paz descanse, riohachero, estudió lingüística en Bogotá y trabajaba aquí cuando empezó la Universidad. Él pensó en cómo hacer para que las futuras generaciones pudieran aprovechar esta información, porque los sabedores llegan a 90 o 95 años y se mueren, y esa persona se fue sin que la indagáramos, sin entrevistas, sin grabaciones. 

El SIGE fue su trabajo de maestría. Él pensó no solamente en la cultura Wayuu; aquí también hay información de los Kogui, Wiwa, Arhuacos, de los afros, de los árabes. 

Por tanto, nosotros brindamos información a los estudiantes a través de convenios con asignaturas como Cosmovisión de los Pueblos Indígenas del programa de Derecho, gestión Documental también trabaja con el SIGE. Si quieren ver documentales, por ejemplo, sobre la Sierra, lo hay. Los estudiantes leen y exponen sobre cómo piensa cada pueblo.

 

 

¿Cuál es su lengua originaria o criolla y qué significa la lengua para usted?

R: Bueno, mi lengua de origen es el Wayunaiki, que viene de la lengua Arawak. ¿Qué significa para mí? Eso significa una tradición que vamos transmitiendo de generación en generación, y pues de esa forma vamos a seguir contribuyendo con esa lengua para que los jóvenes en un futuro tengan conocimiento de esa lengua. De esa forma es que no vamos a permitir que tenga un final. Y para eso tenemos acá el SIGE, donde estamos recogiendo información sobre esa lengua para precisamente transmitírsela a la juventud.

Sabemos que la lengua no es estática, es dinámica; hay cambios. Pero, a pesar de eso, tenemos que seguirla cultivando y aprender de la otra lengua lo que nos favorezca, pero sin olvidar la lengua originaria.

¿Cómo explicaría el origen del pueblo Wayuu desde la tradición?

R: Según la cultura, el origen del Wayuu tiene una parte mitológica. Hay un ser superior: Mareigua, el Dios. También hay otros seres en los que se cree: el sol, la luna, el viento. Esos son dioses. Según un mito, Huya (la lluvia) se compromete con Mma, que invade la tierra. Ese es el origen mitológico. Según la historia, el origen viene del Amazonas; otros dicen que de las Guayanas. Los Wayuu se apoderaron de la península, desplazaron a los Cocina, indígenas que estaban allí, y ganaron el espacio.

 

¿Usted aprendió Wayunaiki desde nacimiento? ¿Dónde nació?

R: Yo nací en una comunidad monolingüe. Únicamente se hablaba Wayunaiki. Cuando tuve los seis años me mandaron para la ciudad, y de ahí me fui para la escuela. Ahí aprendí a escribir, a leer, y aprendí las dos lenguas. Y hasta el sol de hoy me ha servido, porque participo de los conocimientos, digamos, que llamamos occidental o de la “luna”, y a la vez hablo mi lengua.

¿Le ha impedido hablar su lengua acceder a otros conocimientos?

R: Yo no lo miraría como impedimento; antes, por el contrario, me ha servido. Aprendo… llamémoslo como una encrucijada, porque me toca estar de aquel lado y me toca estar de este lado. Eso es un beneficio. A pesar de que no estoy con la comunidad, le estoy sirviendo a una comunidad —que es a los estudiantes— con esos conocimientos que yo tengo. Entonces yo lo considero como un abono a mi conocimiento.

 

 

¿Antes se prohibía hablar la lengua en las escuelas?

R: Eso sucedió hace muchísimos años. Los colonizadores. En los internados, por ejemplo, en los años 70 todavía se veía eso. Pienso que no era por vergüenza ni para que olvidaran la lengua; yo lo considero como una dinámica para que el estudiante aprendiera más rápido el español. Sin embargo, según algunas investigaciones, se dice que era una imposición y que, al que escucharan hablando Wayunaiki, lo castigaban. Eso marcó mucho. Era verdad que se les prohibía.

Pero ahora es muy diferente, porque ya se está haciendo ver al niño que esto es de uno, que no tiene por qué darle pena. Antes uno se cohibía de hablar Wayunaiki. Inclusive yo no podía usar manta porque me iban a decir que yo soy indígena, que yo soy India. Pero ya esto ha cambiado mucho. Ahora hay mucha fortaleza para que esos saberes ancestrales continúen.

Usted dice que la cultura es dinámica. ¿Cómo entiende ese cambio?

R: La cultura es dinámica porque vamos tomando de otras culturas, pero siempre prevalece la originaria. Por ejemplo, el vestido: este vestido no es mío; mi vestido es la manta. El hecho de que yo use una blusa o un pantalón que es de una cultura diferente a la mía no quiere decir que deje de ser Wayuu. Yo sigo porque lo vivo y lo siento. 

Hay elementos que, si faltan, no son tan notorios, pero la lengua sí.

Ahora mismo, los niños, a pesar de que viven en comunidades, muchos no están hablando Wayunaiki. A pesar de que la abuela o la tía les habla en Wayunaiki, como ellos van a las escuelas, la profesora les habla en español: “niños, cállense”, “siéntense”. Ellos toman más la lengua dominante, el español. Ellos escuchan, pero no hablan Wayunaiki. Lo entienden, pero no lo hablan. Por eso, con la educación, se está tratando de fortalecer esa falencia.

¿Existen otras organizaciones, además del SIGE, que estén guardando archivos de los grupos étnicos?

R: En estos momentos los Kankuamos están reconstruyendo su historia porque ellos perdieron la lengua. Cuando se pierde la lengua, que es el elemento más importante de la cultura, se pierde mucho. Ahora, con la educación, ellos están reconstruyendo. Hay un trabajo muy bueno, una tesis de una profesora; ella es Kankuama, es docente acá también, y tiene su trabajo sobre los Kankuamos. De esa forma ese pueblo está reviviendo su historia. Y por eso es importante que no se pierda la lengua.

 

 

 

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